jueves, 7 de abril de 2011

Psicología y otras adicciones

Por fin me decidí a visitar a un psicólogo especialista en temas de pareja.

La sensación mientras cruzaba la ciudad era una mezcla de hambre (fui desde la ofi directamente) mezclada con nervios de algo que desconoces, que no controlas y que no sabes por donde va a salir.

Nada más llegar una señorita muy amable me invitó a rellenar unos papeles y me pregunto por mi esposa. Ja, que ilusa, mi mujer no iba a aparecer por allí, ella no tiene ningún problema, el problema lo tengo yo.

Le indiqué que venía solo y pasé a una sala de espera donde había varias personas rellenando el mismo papel que yo.

Es duro definir en pocas palabras algo que se está "cocinando" (espero que no me inspeccionen) desde hace meses, pero fui sincero en mi declaración y puse tanto lo bueno como lo malo.

A los 5 minutos vino a buscarme una señora, fuimos a su despacho y mientras leía lo que había escrito me dijo que le contara mi problema.

Se me puso un nudo en la garganta, ya que contar tu vida íntima con detalles a una persona que no conoces es duro, pero una vez que arranqué lo escupí todo, tan sólo no tuve fuerzas (más bien fue por vergüenza) de expresar mis sentimientos (básicamente llorar) aunque ella me invitó a hacerlo.

Una vez que le conté la historia me preguntó si yo quería arreglar la situación. Por supuesto que le contesté que sí, aunque la distancia de los últimos meses ha hecho que no sienta lo mismo por Sara, mi intención es que ella me perdone todo el daño que la he hecho, pero también que cambie en las cosas que falla, porque está claro que nadie es perfecto y me dijo que para eso tenía que acompañarme ella, escucharla y ponernos unos "ejercicios" para practicar hasta la siguiente sesión y ver como iba el "asunto".

Por otro lado, me dijo que si no tenía remedio la situación había dos posibilidades: separación pura y dura presentando demanda directamente al juez (aquí los hombres tenemos todas las de perder) o ir a mediación familiar, tratar todos los temas de la separación con un profesional para que lleguemos a un acuerdo mutuo y que nadie salga "muy perjudicado".

Llegados a este punto me sentí como Luisma en su consulta, miré de reojo el reloj y vi que había transcurrido una hora... ¡joder, que puntualidad británica!

Me dio unos folletos para que se los enseñara a mi mujer y se despidió con un "Ánimo y mucha suerte" frío como un iceberg (lo que es la costumbre, a ti te cuesta un triunfo abrir la puerta del centro y a ella no le cuesta nada escuchar tus "miserias" y despedirse con un "Adiós" contundente e ir a buscar a otra pareja a la sala de espera)

Cuando salí me dirigí hacia el coche, me quité el abrigo, abrí la puerta y me senté. Mientras que me abrochaba el cinturón sentí unas tremendas ganas de llorar, de echarlo todo, de sacar todo lo que no había sido capaz de sacar delante de esa desconocida a la que estaba confesando mi relación de pareja.

Continuará...

martes, 8 de marzo de 2011

Don't stop the music

La música forma parte de mi vida.

Y no porque toque algún instrumento, que ya me gustaría, sino porque en todos los momentos importantes de mi vida ha sonado una canción que ha marcado un antes y un después.

Ya desde pequeño le cogíamos a papá un pequeño grabador y nos poníamos a cantar y a decir tonterías mi hermano mediano y yo... nos lo pasábamos genial poniendo voces y cantando las canciones de la época.



En el coche siempre sonaban los últimos éxitos de la radio (mi padre no es futbolero) y recuerdos los largos viajes a la playa en verano con mucho agrado.

Más tarde, cuando obtuve mi primer trabajo, como tenía que desplazarme a Madrid y el camino era muy largo me pillé un walkman.



Ahí empezó realmente mi inquietud por tener música (para mí) indispensable en toda buena discoteca.

Todos los meses iban cayendo CD's y lo que empezó con cuatro cubos apilables (comprados en Carreful) se tuvo que convertir en una estantería artesana fabricada por mi tío.

Y así fueron pasando los años... hasta que apareció internet.

Entonces el tema de la piratería no estaba tan extendido como ahora, éramos pocos los que teníamos acceso a la red y menos los que navegaban por página extranjeras buscando uno u otro disco.


Yo seguía comprando discos, no penséis que ya pasaba de aportar a la SGAE, lo que pasa es que algunos cd's de importación que me costaban una pasta los conseguía más rápido y más barato ;-)

La música siempre ha ido ligada a mis viajes en coche.

Un buen radiocassette (ahora radio cd con mp3 y USB, jejeje) con cargador de discos, unos buenos altavoces y una buena música escuchada en buena compañía era lo único que pedía.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Simbiosis paterna

Dicen que "a quién los suyos se parece honra merece"... pues bien, mi peque siempre han dicho que es igual que yo... las personas (o al menos yo) nunca reconocemos esto públicamente, siempre contestamos: "si tú lo dices..." pero por dentro te entra un orgullo de padre que no entras en el vaquero (yo no uso traje, guiño para la que no es rubia).

Ayer, cuando fui a buscar a mi hija al cole, llevaba puesta música para olvidar el día de modificaciones de trabajos anteriores que tuve, así que le tocó ser elegida a la carpeta "Dance" que es como llamo yo al directorio que tengo en mi pen-drive con música "movidita".

En esta ocasión cuando nos habíamos colocado en el coche sonó una canción que está sonando ahora en MAXIMA FM: "Love the way you lie" de Eminem feat. Rihanna.

Supongo que la habréis oído, está muy de moda, empieza tranquilita y llega un momento en el que entra Eminem y empieza a rapear.

Mi cabeza empezó a seguir el ritmo acompasado y mientras que estaba parado esperando a que el semáforo cambiara de color miré por el espejo interior: ahí estaba la peque moviendo la cabeza al mismo ritmo de la música... no sólo compartíamos la música, el espacio, el momento... estábamos compartiendo una experiencia y a los dos nos estaba gustando...



Fue una sensación increíble, posiblemente nos haya ocurrido otras veces y en otras situaciones y yo no me haya dado cuenta, pero ayer viví un momento muy especial y quería compartirlo con el mundo.

jueves, 17 de febrero de 2011

El influjo de la luna

Esta mañana, según he arrancado el coche me he quedado alucinado porque algo me decía que tenía que mirar detrás de la nubes que tenía delante, era un influjo que me embrujaba y me obligaba a buscar con la mirada.

Pero no ha sido hasta un rato después cuando ha dado la cara:


Desde que tengo conciencia como signo cáncer, la luna ejerce una fuerza sobre mí que es como cuando nos sentábamos delante de la hoguera en las acampadas... todo el mundo mirando fijamente al fuego, mirabas las caras de todos y no había nadie que no tuviera las llamas reflejadas en sus ojos.

Si a los que nos ocurre este fenómeno (conozco algún amigo con el mismo signo que yo al que le pasa lo mismo) se nos puede llamar de alguna manera, yo me considero lunático...

Estos días mis sensaciones son raras: te acuestas con algo que te está llamando y que por un momento te quita el sueño (y no es mi tema del darkside) y te levantas con una sensación especial... creo que estos días estás como alerta, como si tuvieras una llamada desde el inconsciente que te da señales, que te hace estar más atento de las cosas, que enciende tus instintos más salvajes... aauuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!!!

martes, 15 de febrero de 2011

Es muy fácil

Bajo mi punto de vista existen dos tipos de personas: las que tienen un "pronto" cuando ocurre algo pero que se le olvida muy rápido y las que tienen un "pronto" que es un poco más retardado pero que no se le pasa tan rápido.

Yo me considero del primer grupo... me enfado, monto el "pollo" pero luego no soy nadie a los 10 minutos (incluso 5 minutos si la cosa no es muy importante).

Sara es del segundo grupo... y el problema principal es que se lo ha ido comiendo ella solita, y cuando ha explotado aquello ha sido como la explosión de Hiroshima.


Es muy fácil decir que tengo que estar donde tengo que estar, echar toda la carne en el asador, etc. pero el que está en esta situación soy yo y quizás con el paso de los meses me he acostumbrado a vivir en este estado y lo que tengo es miedo a la discusión, al enfado, a volver un paso atrás y siempre confiando en que algún día vea un cambio en su actitud hacia mi persona.

Es muy fácil decir que tengo que ser valiente, pero cuando te han rechazado en varias ocasiones te da miedo el dar un paso adelante y que te vuelvan a dar la espalda es muy duro.

Es muy fácil hacer tu rutina diaria, sentarte en el sillón a ver la tele e irte a la cama con la sensación de que te falta algo, es una sensación que te quita el sueño, te hace despertarte en la mitad de la noche y sentir que estás solo en la cama, sin sentir la respiración de otra persona con la que has pasado muy buenos ratos y con la que estás perdiendo toda confianza y te da miedo hasta proponerla donde ir un sábado por la tarde.