Tenía pendiente de publicar la segunda parte de la entrega de la visita al psicólogo...
Después de secar mis lágrimas y recuperar las fuerzas para conducir en medio de atascos cruzando medio Madrid para regresar a casa, fui del tirón al hospital a ver a mi madre que la acababan de operar hacía unos días.
Supongo que las madres, que lo saben todo o lo intuyen, porque para eso son madres, me tuvo que ver algo raro en la cara ese día y me preguntó si me pasaba algo.
Ella es muy prudente con según que cosas, y aunque yo creo que algo sospecha, tanto ella como mi padre, no me ha comentado nada en todo este tiempo y cuando Sara está delante menos, lo disimula bien.
Yo le contesté que estaba cansado de la reunión que había tenido a última hora y poco más, nos dimos unos paseos por los pasillos del hospital y luego marché para casa.
Mientras volvía pensé si era el momento de plantear la situación o si por el contrario debía esperar a que la ocasión perfecta se presentara.
Con la sensibilidad tocada por la realidad que se me presentaba decidí posponer la charla y dedicarme un rato a las tareas de padre.